19 septiembre, 2008
hard candy: definitivamente, caramelos dulces
Entrábamos sigilosas en la habitación de nuestro hermano mayor, Lady E, que siempre ha sido muy habilidosa con las manos (todo lo contrario que yo) localizaba la aguja, la conectaba al plato y nos poníamos a cantar y a coreagrafiar el “Holiday” a grito “pelao”. Pero he de admitir que mi canción favorita (debe ser porque mi profesor de inglés me la enseñó en octavo de EGB) siempre ha sido y será “La Isla Bonita”, por eso, cuando ayer nos regaló a Lady E y a mi (bueno y a 48,898 almas mas en el Estadio Olímpico de Sevilla) esa estupenda versión sentí cómo se me aceleraba el pulso y decidí dedicarle pleitesía de por vida a la Reina.
La puesta en escena fue prácticamente impecable y aunque no tan espectacular como en otras giras (o al menos eso dicen “los entendidos”) a esta que escribe la obligó a despegar constantemente sus posaderas del asiento 336 para volver a coreografiar con Lady E todos los ritmos que la vigoréxica nos iba regalando.
De vuelta en el coche a las mil de la madrugada debatimos sobre los directos y los playbacks que disfrutamos y entiendo, que debido al ritmo del concierto, tuvimos la mezcla justa de ambos para que la voz no sonara descaradamente desafinada en las coreografías mas movidas y no fuera especialmente falsa su nueva y reiterada postura con la guitarra.
Debo decir que no me sorprendió en absoluto, quiero decir, que sabía que iba a salir feliz del concierto, no solo por ser incondicional y por llevar 25 años de fan esperando para poder asistir a uno de sus shows, sino porque apostar por Madonna es apostar al caballo ganador.
El único pero que puedo ponerle en cualquier caso es que alguna vez el sonido no estuvo a la altura de las circunstancias, pero lo suplimos con un conocimiento íntegro de las letras que destrozamos con nuestras voces en coro.

